Manos tiernas
Vienes a mi lado, niño, y te entretienes
buscando plata en mi loca cabeza,
pero es plomo que apenas se endereza,
todo lo que transcurre entre mis sienes.
Me pesa todo el mundo en una pieza,
me agobian sus males y sus bienes.
Y tú me alegras jugando porque vienes
libre el alma de tedio y de pereza. Sigue jugando, niño, con mis canas;
no me molestan tus manos ni tu risa;
sigue jugando mientras tengas ganas.
Tus manos son como una suave brisa
que me alegra, me alivia y me sana.
¡Sigue jugando, niño, sin ninguna prisa!.
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