El páramo Leonés:
Tal vez quien recorra hoy esa región del suroeste leonés,
con difusos límites entre los ríos Esla y Órbigo,
pero totalmente ayuna de sus aguas, puede pensar que ese Páramo,
poco o nada tiene que ver con "mi Páramo".
Yo
nací allí, hace un montón de años, y permanece
allí, y aquí, conmigo, anclado en mi infancia, por que
la infancia es la patria en la que habita el hombre el resto de su vida.
Para mí, el Páramo, es un estado de ánimo, una
metáfora, una nación virtual, algo así como mi
Macondo particular, en la que sigue habitando mi espíritu.
Dentro de mí continua aquel paisaje crudo, de heladas pertinaces
alternando con calores atroces, de tierras arenosas, cantos rodados,
cardos, juncos, centenales, espadañas de torres en pueblos olvidados,
campos casi desérticos, secanos, esperando anhelantes el agua
de prometidos pantanos.
Para mí, el Páramo, siguen siendo aquellos habitantes,
hombres estoicos, espartanos, sumisos y resignados ante el arcano destino
que un cielo, una nube, una tormenta repentina, un sol de justicia,
una mala época, pudiera depararles.
Allí nací y allí retorno cuando la vida se me anega
de añoranzas.
Bajo aquella tierra, sepultadas, permanecen mis raíces, tanto
del cuerpo como del alma.